3.12.08

Coincidencias

Después de muchos días, volví a ver al auto negro, que ya me empieza a divertir…

La historia comienza un día saliendo de la autopista, el muy engreído al bajar se adelanta encerrándome de forma tal que me hace invocar a toda su familia y conocidos. Como yo soy cualquier cosa menos tranquila, me dispongo a seguirlo e intentar pasarlo.
Su auto supera al mío como un BMW a un Fito, pero mi obstinación generó la utópica fantasía de alcanzarlo. Obviamente en recta lo ví irse como el coyote al correcaminos, pero luego llegó el poblado y conjuntamente, el bendecido transito. Para mí suerte, no cuenta con mí cintura, motivo por el cual, mí ego se quedo contento al poder adelantarse. Ese juego, el del “te paso y me pasas”, se llevo mí atención ¿mía sola? por un par de kilómetros…
Unos días atrás, no recuerdo cuantos, tranquilamente la semana pasada puede haber sido, estaba parada en un semáforo atenta a la música y disfrutando las imágenes que se sucedían por mi cabeza, cuando unos frenos abruptos me cortan el momento y me hacen mirar con mi mejor enojo (no me gusta los exabruptos) a mi derecha, encontrando el bendito auto negro. Ese día yo no estaba para juegos, el arrancó cuando el semáforo aun estaba en rojo, yo me quiero un poco más…
Hoy no se de donde salió, pero lo diviso delante mío, necesitaba saber si era un juego compartido o producto de mí intelecto, así que me dispuse a seguirlo pero manteniendo cierta distancia prudencial. Esta vez no me mostró su polvo, simplemente me saludo al doblar y abandonar nuestra ruta…

1 comentario:

Blonda dijo...

Oh...Y? No sabemos su rostro? Soltero? Misterioso? Qué loco cruzarlo de nuevo y que él te registrara también no?

Genial la anécdota, un beso