10.7.11

Cemento

Si busco departamento, que no se note.
- E S P E R O.... Y ....D E S E S P E R O -
Finalmente, ¿Será que él me elige a mí?








La selección

¿Por qué al hablar de comienzo se imagina una semilla? ¿Acaso es prescindible la otra parte? Con el germen no basta, se requiere de una mezcladora, un horno, algún lugar de cocción. Aún teniendo uno y otro, existe la posibilidad de quedarse corto, que no sea suficiente, agregar espacio es fundamental. Sin la distancia propicia para que la magia haga lo suyo, nada puede suceder. Con el vacío ahí, expuesto, al alcance de las manos, los grupos de interés cobran crucial importancia. De alguna manera van fijando la dirección y por último el destino de la propuesta. Aunque no siempre ocurra, éste debe quedar claro antes del primer ladrillo.
Las ilusiones proliferan firmes como los cimientos que me erigen; estables copian las columnas de sostén. Son mi compañía y base de apoyo desde el principio. Es largo el proceso y uno tiene que valerse de algún recurso para poder sobrellevar las etapas difíciles. Los achaques son bastos y por momentos parecen agolparse. Pueden los profesionales trazar mapas, establecer líneas, definir espacios, realizar cálculos también. Hasta la consumación del hecho, no hay certezas.
Eran mi pasatiempo, fantasear con los potenciales lugares, las personas, los usos. Se habló de tres ambientes con terraza balcón, pero terminé siendo un gran loft. Los inversionistas, cansados de la erogación de dinero a través del tiempo sin ver un peso del famoso retorno, pusieron el grito en el cielo. Arquitectos e ingenieros responsabilizaban a la inflación y no quisieron ni un momento revisar los cálculos iniciales. Con el acabado fino ya estaba abierta la visita de las unidades.
Muchas contaron con la suerte de ser ocupadas al instante. Mi vecina de enfrente, por ejemplo, fue habitada por una bella joven, yogui, que se la pasaba meditando el día entero. La llenó de colores, a diario encendía inciensos, velas que aromatizaban hasta mi baño, resplandecía. Era lindo ver con cuánto cariño la habitaban. Y yo, sólo. Matilde participó del pozo inicial; una espera mutua. El departamento de arriba, tomado por un dentista, estaba instalando su primer consultorio. Si bien el trato del doctor era muy bueno, sus pacientes no tomaban los mismos recaudos.
Mi dueño me vió como oportunidad de inversión, y no había decidido que utilidad darme. Contrató a una inmobiliaria para que fijara mi destino y puso un aviso en el diario. Las personas empezaron a concurrir, interminable la cantidad de visitas. Aquellos grupos, acostumbrado a tanta soledad, me produjeron gran nerviosismo. Somaticé por mis venas, comenzaron a pincharse y algunas de las paredes mostraron manchas de humedad. Marco –el propietario- puso el grito en el cielo, se sintió estafado por la constructora, como si fuera ella la responsable de los maltratos. La misma tuvo que ocuparse de las reparaciones para no ver sucia su reputación. Finalizada la obra, un músico hizo una reserva, pero a decir verdad no me cayó simpático con lo cual en la segunda visita hice un cortocircuito. Lógicamente, le devolvieron la seña. No sabían que andaba mal conmigo, en ninguna unidad se registraron tantos inconvenientes. El propietario se sentía ofuscado, a la vez su novia lo presionaba para “definir” la relación y le mencionó la palabra “proyecto”.
Un domingo la invitó a conocerme; necesitaba saber cómo le quedaban los ambientes y sus movimientos en la cocina. Hay cosas que necesitan verse para poder creerlas. Palpar su entrada fue lo más maravilloso que me pasó, sólo quería que ella vistiera cada uno de mis rincones y podría decirse que así fue. Decidido a comprar la unidad “yogui”, unificó el piso. Un lío. Ella estaba acostumbrada a una energía con mucho olor a sándalo y yo recién empezando a saber lo que se siente ser ocupado por personas. La demolición no fue dolorosa, pero sí la unión, el amoldarse a las formas del otro. Además, la reorganización de los cuartos, sus metros. Al final la cosa terminó resultando bien, lo mismo para Marcos y Patricia que al año estaban esperando un bebé.
Una noche, al mirar con mi vecina la luna - recordando viejos tiempos y divisiones - me confesó que siempre quiso estar unida a mí. La vergüenza ocasionada me hizo pensar que en verdad era un deseo compartido. Yo, de igual manera, quería ser más grande y fusionarme con ella; me alegró. Al amanecer escucho el despertador. Veo que Marcos pega un salto de la cama diciéndole a Patricia: “Tuve un sueño rarísimo, el departamento me decía que nunca quiso ser alquilado, y sentía incertidumbre por su existencia. Esperaba por nosotros, por vos Patricia que aún no te conocía, para poder formar una familia”.


6 comentarios:

Daniel Os dijo...

Exquisito relato, la personificación tan vívida que de a ratos es completamente natural que esas construcciones sientan y hablen.

Beso,
D.

Romina E. dijo...

Todo un valiente!!! Gracias por leer hasta el final...
Beso!

Lao dijo...

Lindo tu relato. Con los cimientos tal vez contribuyan otros, pero la vida se la darás vos. Un beso

Javi dijo...

Como me gusta cuando escribes relatos. Este me encanta por su originalidad. Tu capacidad de imaginar me cautiva.
Te mando un beso y te deseo un fanastico fin de semana.
Hasta pronto!

TORO SALVAJE dijo...

Ingenioso.
Muy original.
Voy a hablar con el mío. Quizás tenga algo que decirme aunque hasta hoy no ha abierto la boca.

Besos.

guille dijo...

espero que a mi apartamento no se le ocurra escribir historias.

¡¡Todos mis secretos al descubierto!!

Contento conmigo debe estar, no ha somatizado por ningún lado.